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Better Call … el abogado


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Saul Goodman

Lidia Zommer escribe un artículo muy interesante titulado “Publicidad de abogados: comienza el coqueteo” que me recuerda a un caso muy reciente, que indico en los comentarios de dicho artículo y me sirve como punto de reflexión en este humilde espacio.

Lidia se pregunta en voz alta si es éticamente correcto con los abogados nos anunciemos en medios de comunicación, vallas publicitarias, etc., cuando exista un caso de especial relevancia como es el de las reclamaciones a las diferentes entidades bancarias que “colocaron” acciones preferentes a modo de productos de inversión. Esta campaña fue muy controvertida sobretodo por esta acompañada de lo que Lidia denomina “sombra de la prescripción de la acción” puesto que la interposición de las perceptivas demandas debían realizarse antes mayo del pasado año 2014 si se quería evitar la prescripción.

Ciertamente a mi la fórmula, al más puro estilo “Better Call Saul” (mejor llamen a Saúl) de la serie Breaking Bad (que por cierto, ya tiene su propio spin-off), me llamó la atención al ser tan “made in USA”, pero en ningún momento pensé en su ilegalidad o falta de ética.

En cambio existen formas de márketing de abogados que siendo menos inovadoras y más tradicionales y por tanto, de entrada, con una actuación que no admite dudas desde el punto de vista ético, me causan más rechazo.

Hace unas semanas se me presentó un caso similar. Una persona llamó a mi portero automático preguntando por el presidente de la comunidad de propietarios, que casualmente, somos mi esposa y yo.  Cuando pregunté por el motivo de su visita me indicó que representaba a un despacho de abogados que “llevaba el tema de las preferentes” y que quería presentar sus servicios a la comunidad.

Le indiqué que el procedimiento que seguíamos era que cualquier empresa o profesional interesado en prestarnos servicios o vendernos mercaderías, debía contactar con la Administradora de la Finca. Su respuesta me sorprendió porque rápidamente cambió al tuteo indicándome “no, entoces déjalo, déjalo”. En ese momento me pregunté que qué clase de defensa jurídica contra una acción deleznable pretendía este despacho realizar cuando la primera persona con la que hablo rechaza las normas y procedimientos auto-impuestos por una comunidad y se toma esas confianzas a la hora de tratar a un posible cliente.

Creo que la profesión de abogado en los últimos años ha sufrido una degradación y no sólo por los clientes, sino por los propios compañeros, ya lo dije anterioremente. Hace unos años el abogado era considerado prácticamente como un notario o un juez y a mi eso nunca me gustó. Si bien considero que todos ellos están al fin y al cabo al servicio de los ciudadanos es el abogado, por aquello de tener una mayor cercanía y un contacto con el cliente, quien más debía parecer “humano”. Pero como digo se ha pasado, sobretodo por parte de ciertos empresarios, a considerar al abogado como un proveedor más.

Hace muy poco un cliente dejó de pagarme la iguala. Cuando me devolvió el recibo que mi banco presentó al suyo contacté con él, primero a través de un correo electrónico totalmente amistoso (dando por hecho de que se trataba de un error) y en vista de la ausencia de contestación por su parte y por la de sus socios, llamé a ambos en varias ocasiones y a distintas horas del día. Finalmente lo di por perdido y ahora mismo estoy en la tesitura, muy conocida por cualquier abogado en especial y empresario en particular de interponer la correspondiente reclamación.

Esta cuestión me indignó no sólo por ese silencio, por esa ausencia de explicaciones, sino principalmente porque en casos similares siempre he llegado a la misma conclusión: un cliente que no coge el teléfono a su abogado es simple y llanamente un irresponsable.

El cliente está dando por hecho que le estoy llamando por la cantidad que me adeuda pero ¿y si no es así? ¿y si le estoy llamando por algún caso que le estoy llevando? ¿Qué ocurre si por ejemplo si el compañero abogado de la parte contraria me está indicando que le va a demandar? Desde el momento en que mi cliente me ha dejado de pagar ese cliente ha dejado de serlo per se, pero por ética profesional el abogado debe formalizar el fin de la relación profesional devolvíendole toda la documentación. Pero ¿Si no hay forma de localizarle?

En estos casos, yo siepre recomiendo dejar constancia de que has intentado contactar con él por todos los medios posibles y por lo tanto, desde que nos topemos con este problema, a partir de entonces todas las comunicaciones única y exclusivamente por escrito, el lema de este blog “Verba volant scripta manent“, y con medios que puedan acreditar si no ya su recepción al menos su envío por parte de uno. No está mal por tanto no sólo el envío de correos electrónicos con solicitud de acuse de recibo sino también un burofax en donde se adjunten dichos correos, ya que es previsible que sabiendo de quien proceden dichos correos, no acuse su recibo.

En cualquier caso, qué maravilloso podría ser el mundo si la gente usara las palabras ¿Verdad? ¿Qué costará un “lo siento, tengo que prescindir de sus servicios”? Cuesta, claro que cuesta, porque antes tienes que ser una persona.

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