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Correo electrónico vs. apps de mensajería instantánea


Imagen libre de derechos de PIXBAY Usuario "stokpic"
Imagen libre de derechos de PIXBAY. Usuario “stokpic”

Que vivimos en una era tecnológica es algo que no admite ninguna discusión. Que las telecomunicaciones lideren la tecnología es una cuestión asumida por todos.

El último informe anual de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia indica que la telefonía móvil registró una penetración de 107,3 líneas de voz/100 habitantes, mientras que el servicio de banda ancha móvil contabilizó 67,1 suscripciones banda ancha móvil/100 habitantes (50,2 millones de líneas de telefonía y 31,4 millones de suscripciones de banda ancha), 1,8 millones de líneas de banda ancha fija con velocidad de 30 Mbps o superior, el 56,4% más que en 2012 y más de 700 mil líneas nuevas de banda ancha fija en el año, de las cuales los operadores altenativos de xDSL captaron el 80%.

Para mi, la verdadera revolución tecnológica en las telecomunicaiones ha sido causada por los smartphones. Aún recuerdo esa época en la que algunos trabajadores y otro puñado de autónomos ibamos con un teléfono móvil en la mano, con la agenda de mano en la otra y con la funda del portátil colgando del hombro. Hoy en día esos tres elemenos se encuentran en un sólo terminal, añadiéndose otros como un reproductor de música o una cámara de fotos.

Recuerdo el salto que ya supuso abandonar la agenda de mano y utilizar una electrónica, las famosas PDAs, pero aún recuerdo cuando el universo escuchó mis ruegos para que a alguien se le ocurriera insertar una funcionalidad de llamadas en estos dispositivos. Así fue como adquirir lo que sería mi primer smartphoe, un Qtek que posteriormente fue HTC y a partir de ahí, ver la invasión de los Blackberry, el desembarco en España del iPhone y el nacimiento de Android.

El uso y muchos veces, el abuso, de los smartphones vino y sigue viniendo causado por los operadores, primero regalando estos terminales a sus clientes gracias a la subvención que les otorgaba el Estado y posteriomente, a través de financiación.

Whatsapp es una aplicación móvil ha cambiado el concepto de las comunicaciones móviles pues es de sobra conocido que hoy en día apenas se habla, se whatsappea. Y los datos antes indicados de la CNMC lo demuestran. Pero es que además, hay un gran número de usuarios que tienen el convencimiento de que Whatsapp no es una aplicación que se tiene que instalar en su smartphone, sino que es una aplicación del propio terminal e incluso del operador. He escuchado en el transporte público no una ni dos, sino a mucho más personas hablando con su operador de telefonía móvil reclamando la instalacion de esta aplicación. Por no hablar de los usuarios de Android que montaron en cólera porque Whatsapp tuvo la osadía de pedirles $0.99 USD al año. “¿Qué es esto? ¡Si ya estoy pagando al operador!” he llegado a escuchar. Por cierto, los usuarios de IOS lo hemos pagado desde siempre porque nunca ha sido gratis.

Una cuestión también curiosa de las apps de mensajería instantánea es que han supuesto la primera toma de contacto al mundo chat para un gran número de usuarios. Los que tenemos ya una edad, empezamos a comunicarnos por chat, primero a través de páginas webs y luego a través de IRC. ¡Qué buenos ratos pasé con IRcap! Los que ahora rondan o superan ligeramente la treintena recordarán las largas conversaciones de Messenger, hoy “movido” por Skype aplicación que también tuvo una muy buena aceptación a principios de este siglo. Todo el mundo se intercambiaba su usuario de IRC, de Messenger y de Skype respectivamente y las conversaciones, los chats, hacían cortas las horas frente al PC.

Pero resulta que a alguien se le ocurrió insertar el chat en el móvil. Uno de los primeros fue Blackberry y como la mayoría de los operadores los “daban” con las altas precisamente por su sistema de mensajería instantánea, se llegó a decir, que los regalaban hasta en las cajas de cereales. Apple dio un paso más e insertó un sistema mensajería mediante videollamada, llamado Facetime, muy similar a Skype. Pero la verdadera revolución fue como digo Whatsapp. Llegó Whatsapp y se anularon el resto de formas de comunicación. El personal quiere whatsappear y ver e interactuar en sus redes sociales (un fenómeno también digno de otro artículo a parte), pero no utiliza demasiado el correo electrónico y las llamadas son o nulas o muy cortas.

En el mundo empresarial la evolución ha sido similar y aquí es donde quería llegar, porque es donde me resulta más curiosa su proliferación, existiendo como existen y desde hace más tiempo, otras formas de comunicación. Me refiero sobretodo al correo electrónico y por supuesto, a las propias llamadas a través de línea fija.

Verán. Cuando empezó todo esto de las ordenadores personales conectados a modems que copaban la línea telefónica, accediendo a páginas webs de carga muy lenta y con un correo electrónico muy básico, hubo un período en mi opinión muy largo entre el “todo eso es para jugar” al “son mis herramientas de trabajo“. Yo mismo sufrí en mi piel la ira de mis padres cuando les dejaba incomunicados no fuera que alguien les tendría que llamar por si había ocurrido algo y no podrían por mi comportamiento y cuando me acusaban de estar todo el día jugando con el PC. Curiosamente, mi padre ahora imparte clases de informática e internet a jubilados como él. Ese tiempo, como les decía, ha sido muy largo y cómo no, también lo ha sido para las empresas, pero finalmente la mayoría de ellas no sólo han terminando aceptando el uso de esas herramientas sino que se han implementado como principal forma de comunicación con terceros.

Pero las apps han puesto patas arriba todo y muchas empresas han vuelto a los inicios o al menos eso estoy notando yo. Se está volviendo a esos correos electrónicos contestados no con horas sino con varios días y en ocasiones semanas y lo que es peor, se está volviendo a la absurdez de tener que llamar a su destinatario para que lea el correo y cuando tenga a bien, nos conteste. Ahora bien, hagan lo mismo con un mensaje instantáneo. Es rara la ocasión que tengan que llamar al destintario para que lo lea y te conteste, al contrario, ambas acciones se realizan de forma instantánea y el interlocutor espera que uno haga lo mismo. ¿No lo han observado? Hagan la prueba.

El correo electrónico se deja en la bandeja de entrada, se lee cuando se puede y ya se verá si se contesta y en qué sentido porque no tengo tiempo.  ¡Ah! ¡Y nada de confirmar lectura! ¡Nadie tiene que saber cuándo se he leído! Sin embargo se deja todo por leer el Whatsapp y hay que contestar si o si, aunque sea con un emoticono. Estás con alguien comiendo y de repente agarra el smartphone para iniciar o seguir una conversación con alguien que no eres tú. Ahora, llamen a esa misma persona, que no les cogerá la llamada porque está reunida.

La asignacion de este tipo de prioridades me parece no sólo una falta de educación sino una absurdez. ¿Hay que demostrar accesibilidad absoluta porque en un icono del móvil aparezca un globo pero no confirmamos lectura de un correo electrónico? ¿Es en realidad absolutamente necesario contestar de manera inmediata a un mensaje en el móvil, interrumpiendo cualquier acción que se esté realizando en esos momentos?

¿Y qué me dicen de los que envían mensajes para situaciones de urgencia en lugar de llamar? Estos ya son los campeones del kafkianismo. En muchas ocasiones he recibido mensajes de cancelaciones de visitas que no he visto hasta que, extrañado por la tardanza de un retraso, me he dispuesto a efectuar una llamada.

En mi opinión, debería utilizarse cada herramienta para según qué finalidad. Para cuestiones urgentes, desde luego, la llamada telefónica. Para el intercambio de información de forma extensa, el correo electrónico. Y por supuesto, para las conversaciones largas, lo que se ha hecho siempre: quedar y hablar cara a cara. Que queden las apps de mensajería instantánea para el “estoy llegando” o un “te quiero” espontáneo. Pero nada más.

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2 comments on “Correo electrónico vs. apps de mensajería instantánea

¡Ay, el Whatsapp!
Cómo me ha gustado tu artículo. Qué razón tienes con lo de que a veces se usa Whatsapp para cosas urgentes muy equivocadamente.

Un saludo, Juan Pedro.

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Muchas gracias por tu comentario, Pilar y me alegro que te haya gustado. Diría incluso que te has sentido identificada 😉 Un saludo

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